El arte uruguayo está de estreno

22/Dic/2015

Clarín, Revista Ñ, Por Cristina Rossi

El arte uruguayo está de estreno

Un nuevo museo abrió en la Ciudad Vieja de
Montevideo: se trata del Museo Gurvich. Aunque la institución ya existía –la
Fundación Gurvich fue fundada en 2001–, en diciembre de 2013 la dirección de la
Fundación tomó la decisión de cerrar las puertas del museo con el fin de
ampliar sus espacios de exposición. Este es el proyecto que acaba de inaugurar
hace unos días: la nueva sede de la institución, ubicada sobre la peatonal de
Sarandí, a escasos metros de la Plaza Constitución, de la Catedral
Metropolitana y del Museo Torres-García.
El nuevo lugar –ubicado en una casona del
siglo XIX, aunque reciclado por el estudio Giordano-Lorente– tiene la
particularidad de estar dedicado a la obra de José Gurvich, quien fue uno de
los discípulos preferidos de Joaquín Torres García. Como es sabido, al regresar
a Montevideo en 1934, Torres García se propuso crear un lenguaje universal a
partir del empleo de una estructura ortogonal regida por la sección áurea, en
la que se alojaban formas esquemáticas. Esos símbolos no “representaban” las
cosas, sino que sintetizaban las ideas sobre esas cosas, y el maestro intentaba
que llegaran a la sensibilidad antes que al intelecto. Al año siguiente, Torres
invirtió el mapa del continente americano y escribió: “Nuestro norte es el
sur”, un gesto de afirmación identitaria que dejó una huella profunda en el
arte latinoamericano.
Además, este maestro insistía en llevar su
arte constructivo a los muros; no obstante, sólo logró concretar los murales
del Pabellón Martirené del Hospital Saint Bois, conocido también como Colonia
de Convalecientes (zona de Villa Colón, en Montevideo). Estos trabajos
realizados junto a sus discípulos hoy se encuentran reinstalados en el edificio
de la empresa telefónica Antel. Sin embargo, fueron sus alumnos quienes
pusieron en práctica el arte mural. En este sentido, Gurvich realizó murales en
diversos emplazamientos y con distintos materiales y técnicas.
El Museo dedica para la obra de Gurvich su
planta baja y tres niveles. En la planta baja se presentan los murales, entre
ellos el mural “Movimientos Geométricos”, de 2 x 2,50 metros, que originalmente
fue pintado en la casa particular Reims. También se presenta el mural “El mundo
del kibutz”, pintado en el comedor público del kibutz Ramot Menasché. Esta obra
luego fue extraída de su emplazamiento en Israel y hoy pertenece al Museo. Otro
mural que puede verse es el “Mural constructivo”, realizado en 1963 para la
Caja de Pensiones del Frigorífico del Cerro, pintado para que cotidianamente
pudieran verlo los obreros de su barrio. Este último trabajo fue realizado al
óleo sobre paneles de madera que en total suman alrededor de 17 metros de largo
por 2,42 metros de altura. Actualmente pertenece al Banco de Previsión Social,
entidad que lo cedió en préstamo al nuevo museo para ser exhibido allí.
La sala de la planta baja del nuevo museo
dedicado a Gurvich fue proyectada como un espacio despejado que favorece una
mayor distancia de visión. Al final de este espacio, se encuentra el ascensor
para acceder a los pisos superiores. Desde ellos se trazó el guión museográfico
hacia abajo. Por lo tanto, al llegar al tercer y último nivel, el público se
encuentra –observando en 360 grados y hacia los pisos inferiores– con las obras
como una línea de tiempo visual, que repasa la vida del artista. Por otro lado,
el guión de la exposición permanente está organizado en una secuencia
cronológica de seis módulos.
El primero de los módulos se llama Del
Shtetl Jieznas de Lituania al Barrio Sur de Montevideo, y presenta los dibujos
tempranos de Gurvich, realizados durante la etapa en que concurría a la Escuela
Chile de ese barrio (habitado mayoritariamente por inmigrantes judíos). Muchas
de estas pinturas tomaron como modelos a su madre y a su hermana, a partir de
fotos traídas desde su país de origen. Otras se basaron en algunos personajes
admirados por el artista, como es el caso del “Retrato de Mozart”, que Gurvich
realizó a los 13 años.
Los segmentos de las exposiciones tituladas
Alumno del gran maestro Torres García y Madurez y enseñanza. El Taller Torres
García , muestran naturalezas muertas, retratos y trabajos constructivos
aprendidos entre 1944 y 1949, así como las obras del período en el que, como
alumno destacado que era, Gurvich asumió la tarea docente al frente del Taller.
Entre las obras de estos módulos se destaca “Constructivo en blanco y negro”.
En ella experimentó con trozos de cartón colocados de canto. Este material le
exigió simplificar aún más la silueta de hombres, mujeres, peces… Al mismo
tiempo, los pequeños tabiques que pueden verse en ella –los volúmenes que
sobresalen de esta obra– proyectan sombras sobre el fondo. Ellas cambian según
la orientación de la fuente de luz que recibe el cuadro.
Gurvich no sólo desarrolló una importante obra
constructiva sino que también creó una particular imagen poblada de seres
fantásticos y breves relatos, con frecuencia vinculada al mundo judío. La
admiración de algunos pintores que conoció al recorrer los museos europeos
–como Marc Chagall, Paul Klee o Joan Miró– impactó en sus pinturas
intensamente. Puede observarse esto a través del uso del color, por las figuras
levitanteschagallianas o la expresión libre y lúdica. En la obra “Formas,
símbolos e imágenes” todo esto es por demás evidente.
Durante los años 60 el artista flexibilizó la
estructura de las formas y de lo representado, y los símbolos se fueron
liberando de la grilla que los contenía. Estos cambios se ven en el módulo de
la muestra titulado Descubriendo su propia voz y lenguaje plástico” . Este
módulo marca una etapa en la que –sintiéndose seguro en el camino que había
comenzado a transitar– Gurvich escribió: “He roto casi todas las reglas para
encontrar el espacio infinito y libre”.
Más tarde, sus visitas a Israel lo acercaron a
sus raíces ancestrales, lo cual se observa en la creación de una variada
iconografía en la que comenzó a retratar a los personajes del kibutz y sus
hábitos. En la sección de la exposición Descubriendo la cultura y religión de
sus antepasados se presentan obras como “Carta al Hombre” y escenas bíblicas
como “La anunciación de Sara”, “La muerte de Abel” o “El sueño de Jacob”.
Finalmente, en uno de los módulos finales de
la exposición, el módulo dedicado a Nueva York, puede verse el impacto del
bullicio y de la alienación de la gran ciudad en la que Gurvich se radicó desde
los años 70. Allí, las multitudes y los rascacielos lo llevaron a concebir
imágenes fragmentadas, en las que aparecen piernas y brazos mezclados con
edificios, señales de tránsito y carteles de la vía pública. Este fue, sin
duda, un período de gran creatividad en el que experimentó con maderas,
cartones, telas, cerámica y materiales diversos. También realizó algunos
assemblages y el “Collage en naranjas” (1972), creado dos años antes de su
sorpresiva muerte. El artista murió a los 47 años en Nueva York; se dice que
esto ocurrió mientras se encontraba pintando una obra sobre el Sucot, una de
las festividades judías.
Más allá de las anécdotas y de la rica
información sobre la vida de Gurvich que pueden encontrarse en el Museo,
también puede observarse allí un espacio dedicado a rendir homenaje a
TotóAñorga (viuda del artista), y a la amistad de algunos de sus compañeros del
Taller Torres García. Estas relaciones se ponen en evidencia en el espacio con
la presencia de las obras de Gonzalo Fonseca, Horacio Torres, Manuel Pailós,
Francisco Matto, Julio Alpuy, Edgardo Ribeiro, José Montes, Antonio Pezzino y
Manuel Aguiar.
El último nivel del Museo y su entrepiso
fueron reservados para la programación de exposiciones temporarias dentro de
una sala que permite recibir instalaciones de diversos tipos (proyecciones de
video, intervenciones y otras expresiones de arte contemporáneo). Además, esta
sala remata en un gran balcón hacia la peatonal de Montevideo con una vista
dominada por cúpula de la Catedral. Actualmente aquí se presenta un recorte
específico de su obra bajo el título José Gurvich y el Cerro.
En estas obras se ve el paisaje que
contemplaba desde su casa-taller, hay información sobre sus vecinos, sobre
algunos amigos (como el “manco” ) y sobre las acostumbradas reuniones en ese
barrio de inmigrantes que se dedicaban, principalmente, al trabajo en la
industria frigorífica.
Si bien el Museo Gurvich tiene el objetivo de
estudiar, conservar, exhibir y difundir la obra de este artista, el proyecto
contempla un programa de actividades para todas las edades, que incluye música,
proyecciones, cursos, foros y seminarios. Entre los proyectos de artes visuales
se prevén nuevas lecturas sobre la obra de Gurvich, así como exposiciones de
otros artistas o períodos de la historia del arte latinoamericano.
En relación a esta dinámica, el Museo también
se propone articular intercambios con otras instituciones de la región. Entre
lo planificado tiene previsto realizar una exposición del Taller Torres García,
que se inaugurará en abril del año próximo con curaduría de Cecilia de Torres
–viuda de Horacio Torres, el hijo de Torres García–. También se está
programando una muestra de los trabajos de la escultora Agueda Dicancro
(Montevideo, 1938). Así, el arte uruguayo va plantando una posición cada vez
más sólida, a través de una museografía contemporánea –como la que puede verse
en el Museo–, y de la difusión de sus artistas.